¿Qué hacer?
Si bien es verdad que en un mundo globalizado el liberalismo económico ha ayudado al eficiente crecimiento de los países, no es menos cierto que vivimos en un mundo lleno de injusticias y pobreza. ¿Qué hacer? es la gran pregunta que durante siglos ha preocupado a muchos.
En la "Riqueza de las Naciones" el economista escocés Adam Smith sienta las bases del liberalismo económico sosteniendo que la riqueza proviene del trabajo. Además pone a la libertad como concepto clave dentro de la evolución tanto económica como social.
Con esto, el liberalismo no acepta la intervención del Estado en la economía e incentiva la inversión privada como motor de crecimiento, pero ¿por qué? Según los seguidores de Smith existe una "mano invisible" según la cual la unión de los intereses individuales redunda en un beneficio general. De alguna u otra forma la tesis suena egoísta, ¿dónde está la solidaridad aquí? Al parecer, si cada uno se preocupa de lo suyo, el Hogar de Cristo y tantas otras obras de caridad quedan lejos de este modelo.
Después de haberme leído no más que 10 páginas de "La nueva ciencia política", la paranoia de Voegelin me penetra y siento como el gnosticismo lleva una idea tan buena a una especie de panacea de la salvación terrenal sólo mediante el beneficio individual.
Resulta cuestionarse entonces, ¿qué hay de bueno en este modelo económico? Porque si es tan perverso y egoísta, ¿por qué se sigue empleando en un mundo tan globalizado?
La inversión particular y en general toda aquella no estatal dignifica a la persona humana mediante el trabajo. Ayuda, mediante la sana creatividad a desarrollar los talentos dados por Dios. Si el Estado estuviese presente en todos los negocios ¿qué más nos quedaría hacer aparte de ser simples peones del "partido"? ¿qué adelantos tecnológicos se podrían hacer en un país esclavizado por el totalitarismo? La "mano invisible" existe, pero no se trata de una común unión de egoísmos, se trata de una comunión de iniciativas personales tendientes a la subsistencia. Sí, subsistencia. Menester es, para todo humano, subsistir en todo orden de cosas y convengamos que el material es uno de ellos. Quiero explicarme bien: la vida no es subsistencia, pero hay que subsistir.
De esta manera, la interpretación que le da Smith a las bonanzas económicas que se han suscitado con este modelo no van por la vía del egoísmo; una correcta visión puede darle a la "mano invisible" un enfoque de realización personal. Sin embargo es posible advertir, con un análisis no muy minucioso, que el dejar que este modelo económico funcione sin más reparos no soluciona los problemas de la pobreza y la injusticia, ¿qué hacer entonces? Clave es el concepto de meritocracia entendida no como aquella forma de gobierno en el cual los puestos públicos son obtenidos mediante méritos; más que eso, entendida como la ascensión social según los méritos.
Pero no todas las cosas son llegar y hacerlas, hay que tantear el terreno. Para hacer posible la meritocracia es necesario luchar primero por una igualdad de condiciones. Igualdad de condiciones independientemente del lugar, fecha y hora de nacimiento. Que todos nazcan con las mismas posibilidades para que con su esfuerzo y trabajo logren desarrollarse plenamente; y en este sentido es fundamental la formación e información para lograr buenas decisiones en el transcurso de la vida. Habiendo libertad la decisión es de uno y el libre albedrío se puede hacer tan presente en nuestras vidas como nosotros queramos. Y es muy importante el "como nosotros queramos" ya que hace años se descartó la teoría laplaciana del determinismo científico.
Poco a poco nos aproximamos al ¿qué hacer? enunciado en el primer párrafo. Todo suena bonito, pero falta. Ya pasamos por lo macro: sistema económico imperante; y nos dimos cuenta que, a pesar de las innumerables críticas que se le han hecho, la explicación a la bondad del modelo no hay que encontrarla en el fundador de éste. Para que se estreche la brecha es menester hacer funcionar la meritocracia y para que ésta se lleve a cabo es necesaria la "igualdad de nacimiento". Aún así existirán injusticias. Nuevamente ¿qué hacer?
Hoy por hoy es necesaria la solidaridad, el servicio y entrega a los demás como actitud de vida. Aquí viene lo interesante: muchos se contentan con mínimas cosas y se sienten serios servidores, le dan parte del vuelto al Hogar de Cristo, sueltan unas monedas a la Teletón y se sobrecogen frente a los reportajes que dejan en evidencia la injusticia social. Peor aún, hay quienes se creen solidarios y lo publican, le dan desayuno a algunos abuelos de la calle una vez al año y se jactan de ello en todas las reuniones sociales a las que asisten. No quiero parecer moralista, ni pesimista, pero a veces entiendo a Bloy y su animadversión hacia los burgueses; burgueses cada día más presentes en el diario vivir del s.XXI: son los héroes de la solidaridad. Una mezcla de mediocridad y cinismo.
Sin embargo la duda queda: ¿cuál es la línea divisora de esta mediocridad?... "Dar hasta que duela". Esa es la delgada línea que divide la mediocridad-heroica del servidor público y desinteresado. Preguntémonos de nuevo, ¿duele dar parte del vuelto al Hogar de Cristo? No, no duele. Cabe cuestionarse entonces cuál es el sentido del dolor en nuestra vida, por qué ayudar a que la sociedad sea más justa debiera doler. Basta con hacer conciencia verdadera del calvario por el que tuvo que vivir Jesús en la cruz para salvarnos del pecado; esto es trascendental para despertar de la mediocridad que reina, por lo menos, en nuestro país.
Hay quienes no apoyan una sociedad libre e incluso no aceptan diferencias entre los integrantes de una comunidad ni siquiera con respecto a las capacidades personales; y lo hacen con argumentos absolutamente necios. Y por aquí voy a hacer un approach referente a la mediocridad y la universidad. Es sensato e incluso necesario que las personas seamos diferentes, sobretodo en relación a nuestras aptitudes, y así como en cualquier orden de cosas existe una jerarquía, en la sociedad es inevitable que también lo haya. La Universidad es el espacio por excelencia de búsqueda de la verdad y de élite intelectual y es por eso que es inconcebible la mediocridad dentro de ella. Quienes no son mediocres deben dar su vida al servicio de los demás. Sé que suena raro, pero es simplemente seguir el mandamiento de Jesús: "Ámense unos a otros como yo los he amado". Y dar la vida al servicio de los demás no es simplemente dejar que la "mano invisible" haga el trabajo. No es simplemente sentarse y ser un mero observador del espectáculo que dan los héroes burgueses. El servicio como proyecto de vida es tener siempre en cuenta a Jesús, y tratar de seguirlo. Despertar de la mediocridad y ponerse a trabajar.
¿Qué hacer? ¿Qué ser? Ser Cristo